VIVIMOS SIN CONTROL
¡Saludos a todos!
Hoy reflexionaremos sobre el artículo "El control de nuestras vidas" de Noam Chomsky, el cual versa sobre la conferencia que tuvo lugar en Albuquerque (Nuevo México) el 26 de febrero de 2000.
Pues bien, Chomsky relata diferentes acontecimientos relacionados con la soberanía, la libertad y los derechos humanos de diferentes "entes", controlados todos ellos por "poderes extremadamente concentrados" (p. 2) que tienen por objetivo controlar la economía global amparados por la llamada "globalización".
Si nos acercamos al terreno político, constantemente escuchamos cómo los partidos se llenan la boca hablando de la soberanía popular, de un gobierno por y para el pueblo, como plantea el autor. Pero sólo son simples apariencias, ya que en realidad consideran al pueblo "como un enemigo peligroso" (p. 3) al que deben controlar. Y es que, como expone el autor, "la política se ha vuelto la sombra de las grandes empresas sobre la sociedad" (p. 10).
Para poder ejercer ese control, ha sido necesaria la construcción de un gran entramado, de "un proyecto de ingeniería social de envergadura" (p.5) a través de diferentes alianzas estratégicas, en cuyo centro se sitúan concentrados, también, sus propios intereses.

En dicha construcción socioeconómica participan diferentes entes: seres humanos de carne y hueso, por un lado; y, por otro, "entes" abstractos del tipo empresas, estados o capital. En realidad, los únicos que deben gozar de libertad y derechos, como plantea Chomsky, son los seres humanos y, si en algún momento gozarían de ello los otros "entes" sería únicamente por el hecho de estar formados por dichos seres. Pero, en la práctica nada de esto tiene cabida, sino todo lo contrario. A veces el asunto está disfrazado de cierta apariencia, pero lo que esconde es una injusticia latente.
Para lograr todo esto y que sus subordinados no intenten pararlo, cuentan con numerosas y eficientes estrategias. Una de ellas se basa en "minar la seguridad" (p.5), lo cual consiguen amenazando a la población con la pérdida de su empleo. Otra estrategia es la "flexibilidad del mercado de trabajo" (p. 5) caracterizada por la libertad de movilidad de las empresas y la pérdida de derechos, libertades y salario de los trabajadores, los cuales "tienen miedo de reclamar más salario y beneficios" (p. 6), apareciendo aquí el discurso del miedo.
Otra injusticia socioeconómica que relata el autor es la "crisis de la deuda". Esta deuda no debe ser pagada por aquellos que pidieron el préstamo, sino por su población, la cual no puede negarse, a no ser que intervenga "una gran empresa" y haga valer sus intereses, como hizo EE.UU. cuando canceló la deuda de Cuba con España, argumentando que fue impuesta "sin el consentimiento de la población" (p. 7).
Otra de las injusticias abordadas es que muchas personas son y somos objeto de experimentos. Y, nos recuerda Chomsky, no podemos negarnos a no ser que tengamos una evidencia científica de que eso nos va a perjudicar. Por tanto, la responsabilidad no está en los fabricantes, en los productores, sino que se traslada al propio consumidor, el cual se debe de preocupar de demostrar científicamente que lo que está recibiendo es perjudicial.
También recoge el artículo de Chomsky diferentes sentencias que disfrazan esa democracia abstracta de unos pocos: "queremos que sean libres para elegir, a no ser que se inclinen por opciones que no queremos, en cuyo caso nos veremos obligados a restaurar las estructuras tradicionales de poder mediante la violencia, si es necesario" (p. 8). Y es que, como expone también el autor "pueden ser libres, pero libres para hacer las elecciones correctas" (p. 9).
Para cambiar toda esta situación e ir en busca de nuestra ansiada y distanciada libertad, si es que algún día existió, debemos dejar de ser "espectadores" para convertirnos en "participantes", meternos en política, presionar a favor de nuestros intereses, dando la vuelta al "discurso del miedo", ya que todo puede modificarse, desmantelarse y sustituirse, como apunta Chomsky. No permitir que minen nuestra seguridad, nuestra libertad, nuestros derechos, ni esa soberanía popular que nos pertenece.

Comentarios
Publicar un comentario