El PODER y la LIBERTAD no van de la mano
¡Saludos a todos!
Esta vez hablaremos sobre el famoso caso de las Pussy Riot. Pero antes, ¿qué es Pussy Riot?
Pussy Riot "es un colectivo ruso de punk feminista, que pone en escena actuaciones de provocación política sobre temas como la situación de las mujeres en Rusia y, más recientemente, en contra de la campaña electoral del Primer Ministro Vladimir Putin a la presidencia de Rusia", tal y como se cita en Wikipedia.
Como podéis consultar en el artículo publicado el 17 de agosto de 2012 en el periódico El País: "La justicia rusa condena a las Pussy Riot por su "gamberrismo"", se condena a las integrantes de dicho grupo por haber realizado un concierto ilegal en una catedral de Moscú pidiendo a la Virgen que eche a Putin. Podéis ver un fragmento de dicho concierto en el siguiente vídeo:
Las cantantes denuncian con sus canciones la política y relaciones de Putin con la Iglesia ortodoxa, mientras que a ellas se les acusa de incitar al "odio religioso". Este hecho ha dividido a la sociedad entre aquellos que apoyan la libertad de expresión de las cantantes; y los que rechazan el acto por falta de respeto a los creyentes y por incitar al odio religioso. Sin embargo, una de las integrantes del grupo ha declarado: "nunca pretendimos incitar ningún tipo de odio ni ofender a los creyentes. Protagonizamos una protesta por motivos políticos, porque queríamos denunciar el autoritarismo de Putin y porque creemos que la Iglesia no debe tomar partido a favor de ninguna fuerza política durante una campaña electoral".
Uno de los elementos más interesantes relacionados con este suceso ha sido su viral difusión gracias a los medios de comunicación. Pero, ¡cuidado! Quizás estos medios hayan realizado su propia construcción del acontecimiento, incitando a sus receptores a interpretarlo bajo sus intereses, siendo "espectadores" más que "participantes". También, analizando su repercusión a escala mundial, su seguimiento a través de las redes sociales, su activismo virtual, es contradictorio con su repercusión real, tal y como nos muestran los medios: "manifestaciones con pocos asistentes". Quizás detrás de una pantalla no nos cueste activarnos frente a cualquier injusticia, pero en la vida real nos de más pereza. Quizás seamos más cobardes de lo que creemos.
Volviendo a la sentencia de las Pussy Riot, pese a la condena de cárcel, las integrantes nunca se vencieron y siguieron denunciando las injusticias que observaban y experimentaban. Desde la cárcel, una de ellas, escribió una carta a la prensa rusa en la que denunciaba "las insufribles condiciones que sufren las reclusas, obligadas a trabajar en un taller de costura 16 o 17 horas al día". También, solían recibir palizas y eran amenazadas de muerte.
Pero su denuncia no acaba ahí. Cuando lograron salir en libertad, gracias a una amnistía concedida por la celebración de los 20 años de la Constitución rusa, las Pussy Riot han seguido protestando, esta vez contra la corrupción, en concreto la de Yuri Chaika, fiscal general de Rusia, apuntando también contra "la élite rusa y sus hipocresías".
Aquí os dejo el vídeo y el enlace a la noticia que habla de ello.
Analizando todo lo anteriormente expuesto y, conectando con el título de la presente entrada: el poder y la libertad no van de la mano o, al menos, parece que eso quieren que creamos. El discurso del miedo sigue dominando, pero aún quedan valientes que nos ayudarán a superarlo.
Referencias:
- EL PAÍS: "La justicia rusa condena a las Pussy Riot por su "gamberrismo"", por Pilar Bonet el 17 de agosto de 2012.
- ABC: "Putin no logra doblegar a la más rebelde de las Pussy Riot", por Rafael m. Mañueco el 5 de octubre de 2013.
- EL MUNDO: "El Parlamento ruso aprueba una amnistía que dejará libre a las Pussy Riot y los detenidos de Greenpeace", por Xavier Colás el 18 de diciembre de 2013.
- EL MUNDO: "Las Pussy Riot vuelven cantando contra la justicia que las encerró", por Xavier Colás el 3 de febrero de 2016.
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